DIEGO
martes, 20 de marzo de 2012
LA JUSTICIA EN COLOMBIA
Lo que en Colombia se llama "justicia"
septiembre de 1998, por Javier Giraldo M. , S.J.
Es ya una verdad de Perogrullo que la impunidad constituye una de las características más típicas del Estado colombiano. Su aparato de administración de justicia, si se juzga con criterios cuantitativos, o sea por el número de procesos que resuelve, es escandalosamente ineficiente; y si se juzga con criterios cualitativos, o sea por la calidad de justicia que administra, es corrupto, lo que equivale a decir: descompuesto, pervertido, falsificado. Sus frutos no tienen el sabor de la justicia auténtica, sino el repulsivo de lo adulterado, de lo descompuesto, de lo podrido.
Luego de 10 años de trasegar por los ascensores, pasillos y cubículos de los edificios de la "justicia", asumiendo como Comisión de Justicia y Paz muchas causas de esas que claman justicia al Cielo, es ya hora de evaluar lo que allí se cosecha.
Imposible mencionar la trayectoria judicial o disciplinaria de varios millares de crímenes para los cuales demandamos justicia en estos 10 años. Basta seleccionar casos-tipo que nos revelen los principales aspectos de esa descomposición de la justicia que tanto nos ha impactado, para extraer de allí algunas reflexiones. Se impone, sin embargo, cambiar los nombres de las víctimas aún vivas, pues difícilmente se encontrará un tipo de personas que se persiga tanto en Colombia como el de los denunciantes o testigos, y mucho más el de los que han vivido en carne propia los horrores y sobreviven como testimonios contundentes de la iniquidad
Luego de 10 años de trasegar por los ascensores, pasillos y cubículos de los edificios de la "justicia", asumiendo como Comisión de Justicia y Paz muchas causas de esas que claman justicia al Cielo, es ya hora de evaluar lo que allí se cosecha.
Imposible mencionar la trayectoria judicial o disciplinaria de varios millares de crímenes para los cuales demandamos justicia en estos 10 años. Basta seleccionar casos-tipo que nos revelen los principales aspectos de esa descomposición de la justicia que tanto nos ha impactado, para extraer de allí algunas reflexiones. Se impone, sin embargo, cambiar los nombres de las víctimas aún vivas, pues difícilmente se encontrará un tipo de personas que se persiga tanto en Colombia como el de los denunciantes o testigos, y mucho más el de los que han vivido en carne propia los horrores y sobreviven como testimonios contundentes de la iniquidad
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